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República Checa
República Checa, país de la UNESCO
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De la República Checa se dice que no es que sea un país, sino que es un jardín. En medio de un sistema de cordilleras que es su frontera natural, y cuyas faldas cubren melancólicos bosques, se extiende la depresión checa...


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Pintoresco corazón de Europa

De la República Checa se dice que no es que sea un país, sino que es un jardín. En medio de un sistema de cordilleras que es su frontera natural, y cuyas faldas cubren  melancólicos bosques, se extiende la depresión checa, pespunteada por momentos con las monedas plateadas de sus estanques o bordada con los hilos de sus ríos, en otros lugares rizada juguetonamente con las ondas de sus colinas y, finalmente, en el territorio ocupado por las regiones de Moravia o Silesia, iluminada por interminables mieses doradas. La historia, al mismo tiempo lejana y cercana, ha ido dejando en este maravilloso escenario un número incontable de monumentos cuyo valor es incalculable y precioso al mismo tiempo: ciudades que han conservado su aspecto histórico, castillos, palacios, monasterios, iglesias y catedrales, verdaderas joyas de la arquitectura y del urbanismo de los tiempos pasados.

Vista panorámica
Praga, madre de ciudades

La corona y madre de las ciudades checas es sin duda alguna Praga, la maravilla de las cien torres, uno de los asentamientos humanos más bellos en este planeta. Sin embargo, al que solo llega a conocerla a ella en toda la república, no deja de faltarle algo y hasta  mucho. Por todo su territorio se encuentran esparcidos tantos tesoros que sería imposible conocerlos en el tiempo de una sola vida humana. Las puertas de Bohemia tienen muchas llaves. Las páginas que tiene ante usted se las abren con las llaves del patrimonio cultural de la UNESCO. Llaves que ya rechinan en la cerradura, la puerta se abre y usted puede entrar en el país de las maravillas y la belleza.

Praga, centro del laberinto mágico

No hay otra ciudad checa acerca de la cual se haya escrito tanto como de Praga, la metrópoli de la república. Mirar desde uno de los puentes de piedra más bellos del mundo, el Puente de Carlos, las siluetas de sus silenciosas estatuas contra el fondo de las callejuelas del Barrio Viejo y desde sus graciosas plazuelas dirigir la vista hacia arriba, donde el Castillo de Praga parece brillar, con la catedral de San Vito, es una experiencia que ni a quien vive toda su vida en la ciudad deja insensible.

La ciudad de las cien torres es un laberinto misterioso en el cual la historia se mezcla con el día a día; es un lugar mágico donde se han dado cita a lo largo de la historia los hombres más influyentes de Europa –gobernadores, generales, alquimistas, eruditos judíos… La ciudad donde precisamente el Rabi Löw dio vida al Gólem, donde creó Arcimboldo sus opulentos retratos a base de frutas y hortalizas, donde se buscó intensamente la piedra filosofal en los atanores de los maestros alquimistas de la corte de Rodolfo II , donde escribió sus oscuras elucubraciones Franz Kafka; aquí presentaron exitosamente sus composiciones no solo Smetana, Dvořák sino también Mozart y Liszt; aquí predicó el reformador de la Iglesia Jan Hus, aquí se afanaron con sus instrumentos astronómicos Copérnico, Kepler, Galileo Galilei, Giordano Bruno y Tycho de Brahe...

Vista de los puentes de Praga
El espíritu del lugar

Es decir, que pasear por esta ciudad hoy significa ser partícipe de todos los misterios y toda la magia del pasado. Praga tiene un encanto que no se puede comparar con el de ninguna otra ciudad. La cantidad de monumentos, museos y galerías, de lugares y edificios interesantes, incluso aunque hubiera que referirse a ellos en su forma más sucinta, superaría con mucho las posibilidades de este folleto.  La única posibilidad es venir directamente a P raga y dejarse llevar, callejear por ella una y otra vez, convertirse, por lo menos una vez, en parte de su actividad y mezclarse con su historia; de esta forma, a lo mejor, se logra tener la intuición de todos los secretos que atesora.

Tres joyas en el centro de Bohemia

Hacía tres puntos cardinales salen otros tantos caminos históricos de la capital de la república en dirección a tres de sus más preciadas maravillas. Todas están poco más o menos a una hora de camino. Tres testigos del lejano, y no tan lejano, pasado histórico del país, todas bajo la égida de la UNESCO.

Misteriosa KUTNÁ HORA

Hacia el este se encuentra la ciudad medieval de Kutná Hora, como una mujer misteriosa y llena de gracia. Entre sus maravillas se encuentran su catedral, sus monasterios, sus casas patricias, sus misteriosos rincones, sus abovedados sótanos, sus preciosidades arquitectónicas góticas y barrocas, sus estatuas y todo su trazado urbanístico. En esta ciudad se extrajo plata durante la Edad Media, y por ello se acuñaron monedas y floreció en ella el comercio, de tal manera que llegó a ser incluso residencia de monarcas checos. En Kutná Hora el visitante se queda con la boca abierta cuando contempla desde abajo la bóveda de una de las más bellas catedrales góticas de Europa, la de Santa Bárbara; puede pasearse por el patio y las estancias del Palacio de Valaquia, antigua sede del rey Wenceslao IV; puede entrar, con el alma en vilo, en el osario del monasterio cisterciense y, con una mezcla de maravilla y angustia, considerar el altar, los blasones, las lámparas, las pirámides y obeliscos todos los huesos de las víctimas que dejó a su paso la peste; y también puede penetrar en las estancias de la Casa de Piedra, única en su género, y soñar con ser, al menos un momento, un artesano o un cocinero medieval…

El orgulloso KARLŠTEJN

El oeste de Praga encontramos uno de los símbolos clave de la República Checa, el poderoso bastión de Karlštejn, erguido en su mole de piedra y orgullo de la arquitectura gótica checa. Parece que el tiempo se ha sentado en un rincón con miedo a perturbar la presencia de la historia. Palacios, estancias, largos y anchurosos corredores, murallas inexpugnables y empinadas torres, y, sobre todo, la joya más valiosa, la Capilla de la Santa Cruz con una colección única de 129 cuadros góticos del maestro Teodorico.

Castillo de Karlštejn
Konopiště, el castillo de cuento

Hacia el sur, surgiendo de un fondo maravilloso de parques, bosques y lagos, aparece Konopiště como si viniera del mundo de los cuentos. Lo único es que en este lugar se guarda memoria en realidad de algo más diferente: de la etiqueta palaciega de principios del siglo XX, de desfiles militares de uniformes imperiales, de jubones de caza y de los primeros automóviles. El último que le dio su propio toque personal al castillo fue František Ferdinand D´Este, es decir, el heredero del imperio austro-húngaro. Su maravillosa colección cinegética, sus armaduras, sus pomposos salones y alcobas, sus despachos e incluso sus comedores privados siguen iguales hoy día, haciendo pervivir el espíritu de un hombre cuya muerte en el lejano Sarajevo desencadenó la Primera Guerra Mundial.

Český Krumlov

Perla medieva en la diadema del río

Una de las más bellas ciudades históricas de Europa, incluida en la lista de la UNESCO del Patrimonio cultural y natural de la humanidad, se encuentra al sur de Bohemia y desde sus murallas es posible ver la boscosa región de Šumava y lo que se considera el mar checo, el embalse de Lipno.


Es como un laberinto de misteriosas callejuelas medievales que hubiera crecido en el espacio que, como la palma de un gran gigante, se encuentra alojado en la garganta rocosa que horadó el río. La ciudad gótica, que habitaran alquimistas, canteros y juglares, y su orgullosa aristocracia, está coronada con un maravilloso castillo renacentista, que es el segundo más grande de toda la república después del de Praga, y está llena de magia y misterio. Sus tortuosas calles, que desembocan en una plaza central, parecen seguir el ritmo del Moldava, que es como la columna vertebral de la ciudad y que la surca jalonado por una serie de puentes y pasarelas.

Como en un sueño

Un laberinto de casas góticas y renacentistas, de adustos monasterios y orgullosos templos, en el cual es hermoso perderse porque a cada paso se descubre algo nuevo y acecha una sorpresa o un misterio que resolver. Parece que esta ciudad es como un sueño, que con cada nueva visita se transforma. Y quien se canse de vagabundear por sus calles, puede sentarse en el patio de butacas giratorio del teatro del castillo, recorrer las estancias de una serie de galerías o museos abiertos al interesado o contemplar desde alguno de los barcos del río la majestuosa mole del castillo en las alturas.

Holašovice

Un pueblecito de cuento

Sur de Bohemia, paisaje risueño bordado de estanques, ríos, bosques y prados, castillos construidos dentro de estanques, palacios espectaculares, ciudades históricas y graciosas aldeas, el paraíso de los pescadores y los piragüistas. Aquí, no muy lejos de la ciudad de České Budějovice, se encuentra el más pintoresco de los pueblos checos: Holašovice.


En medio de la amplia plaza, mirando las casas y las granjas circundantes, se siente uno como si estuviera verdaderamente en un cuento. Las albas fachadas brillan de limpieza, las formas ovaladas de los frontones comunican un estado de paz interior, dando la   sensación al visitante de que está rodeado de casitas de chocolate adornadas de mazapán blanco. En la superficie del estanque, rodeado de casas, se refleja uno de los conjuntos mejor conservados de lo que se conoce como barroco campesino, protegido por la UNESCO –construcciones que han conservado después de siglos su característico estilo ornamental barroco.

Un paisaje de castillos y palacios

Y si el visitante no quiere abandonar todavía este mundo de cuentos, tiene cerca el maravilloso castillo de Hluboká, reconstruido en estilo gótico tudor, fantasma blanco que se levanta por encima de los bosques del sur de Bohemia; o también tiene a mano el castillo de piedra cárdena de Červená Lhota, que se encuentra situado dentro de un estanque, en un saliente de piedra. Pero ni siquiera con esto se agota el mundo de cuentos del sur de Bohemia...

Karlovy Vary

Magia y encanto de las columnatas termales


La ciudad balneario checa más conocida, cuya fama es internacional, se encuentra en el rincón más occidental de Bohemia, en el precioso valle del río Teplá. La leyenda cuenta que el hoy famoso balneario fue descubierto en el siglo XIV de forma completamente casual, por una expedición de caza del emperador y rey Carlos IV.

Karlovy Vary es una ciudad encantadora. Es difícil no dejarse seducir por su despreocupación y su ambiente festivo de tranquilos paseos en el marco incomparable de sus maravillosas fachadas y sus ricamente ornamentadas columnatas. Cuando uno sabe que en las mismas fuentes termales situadas entre las columnas, en las que el visitante toma para beber un poco de agua medicinal, ya habían hecho lo mismo en parecidas jarras de cerámica personalidades como Pedro el Grande, María Teresa, Bach, Goethe, Casanova o Beethoven, la ciudad se transforma inmediatamente y adquiere un algo especial.

Magia embotellada

Y además, aparte de las aguas curativas, puede probarse el Becherovka, el licor de hierbas, que es originario de aquí, otra de las atracciones de esta ciudad sin igual. No debe dejar de recorrer el visitante algunos de los senderos del balneario, que llevan a través de los bosques que se elevan sobre su trazado urbano para contemplarlo desde arriba al fondo del valle. Karlovy Vary es una ciudad que llega al alma, y por eso si uno ha estado ya, tiene que volver.

Mariánské Lázně
Balnearios checos

La salud que emana del fondo de la tierra


La República Checa está surcada por manantiales curativos com un preciado tapiz de hilos dorados. Poděbrady en el centro de Bohemia, Luhačovice en Moravia, Jánské Lázně en el norte... Pero la mayor concentración de aguas curativas la encontramos en el famoso “triángulo de los balnearios“ en la zona oeste de Bohemia.

Todas las ciudades balneario crecieron con empuje y belleza; así, por ejemplo, podemos hoy maravillarnos son los encantadores edificios de Františkovy Lázně, como construidos con azúcar por la mano de un gigantesco pastelero y puestos en una tarta nupcial y, mientras los contemplamos, podemos mejorar nuestra salud gracias a sus miríficos baños, que son los más antiguos de todo el mundo. De manera similar encantan al visitante los serenos y clasicistas contornos de los pabellones de Mariánské Lázně, sobre todo sabiendo que en la relativamente pequeña superficie de la ciudad se concentran cuarenta manantiales curativos, y en los alrededores otros sesenta. Jáchymov, no lejos de allí, alberga uno de los balnearios más sorprendentes del mundo–las curas se hacen en él mediante aguas medicinales radioactivas. Karlovy Vary, con sus veintidós manantiales de aguas termales, y con su famoso surtidor, que alcanza quince metros de altura, es la joya de la corona de los balnearios checos.

Pilsen

Metrópolis de la cerveza y la cultura


Todo checo diría orgullosamente, si se le preguntara, que la mejor cerveza del mundo se fabrica, desde 1842, en la mayor ciudad de Bohemia occidental, en Pilsen. Sin embargo, la metrópolis cervecera es famosa también por su tradición cultural, que la ha hecho merecedora del nombramiento de capital europea de la cultura para 2015.

Estar en Pilsen y no visitar la fábrica de cerveza para probar la que en ella se produce sería un pecado imperdonable. Pero no reconocer el verdadero espíritu de la ciudad sería un pecado igualmente imperdonable. Ese espíritu se manifiesta en las fachadas de sus casas, en sus calles y plazas, y puede sentirse a cada paso. Porque, la verdad, es que Pilsen tiene una esencia artística y jovial, y la comunica y entrega generosamente.

Arte a cada paso

La corriente de arte viva que fluye por sus calles se compenetra con una serie de importantes teatros, con la Filarmónica de Pilsen, con galerías, cafés culturales y un sinnúmero de festivales musicales, folclóricos y teatrales. Un puñado de pioneros entusiastas comienzan a experimentar en diversos terrenos artísticos mezclando géneros –a la sombra de la catedral de San Bartolomé, en diferentes espacios escénicos, en parques o en clubes de cultura alternativa. Y cuando toda esa actividad cultural da sed, lo más fácil es calmarla con un poco de cerveza coronada de blanca espuma...

La cerveza es para los checos el pan líquido

En Bohemia se dice: si viene un gobierno que encarezca la cerveza, lo echamos. La relación del ciudadano checo con la cerveza es algo íntimo y cordial, existen verdaderos expertos y conocedores y no les falta dónde elegir. Por todo el país podemos encontrar marcas de cerveza que se fabrican en grandes fábricas o en pequeñas cervecerías familiares.

La cerveza checa es una denominación de origen protegida por la Unión Europea. Es un honor merecido; todos los fabricantes de cerveza checos hacen todo lo posible por que el prestigio de esta tradición no se eche a perder. Se dice que la cerveza de Pilsen es una especie de tesoro nacional, pero lo mismo podría decirse de muchas otras marcas esparcidas por la geografía de Bohemia y Moravia. Y claro, poca gente se toma esta cerveza a palo seco.

salud
El paraíso de los sibaritas

Los checos también son tenidos por buenos comensales. Las recetas del país seguramenteno ganarían un concurso de comida sana,pero es difícil resistirse a ellas. Hay, para empezar, toda una selección de sopas, sin las cuales un checo no diría que se tiene por almorzado. Luego los famosos knedlíky, unos a modo de panecillos en rodajas que se mezclan como guarnición con las salsas y las carnes; las especialidades más conocidas son la Svíčková, o sea carne de ternera con salsa y nata, la carne asada de cerdo, o el pato con repollomacerado y, no podía ser de otra forma, con knedlíky. ¿Y de postre? Magníficas tartas y, ¡como no!, knedlíky, esta vez con frutas.

Litomyšl

Joya renacentista llena de música

En Bohemia del este, enmarcada en un paisaje someramente ondulado y lleno de sol, se encuentra la pequeña ciudad de Litomyšl, arremolinada sobre su propio castillo, incluido en la lista del patrimonio cultural de la humanidad de la UNESCO. En ella la historia dejó un complejo monumental digno de admiración por su armonía y sus cualidades pintorescas.

Tirita el aire caliente en los soportales de las casas renacentistas de la plaza mayor de Litomyšl, que es como una perla blanca incrustada en un collar renacentista. Todo el maravilloso conjunto de casas, iglesias y monasterios está coronado por un delicado palacio, en cuyas paredes esgrafiadas se refleja el sol y por cuyas arcadas retoza el viento. Dentro del palacio se esconde un patio encantador, un teatro barroco, salas de representación, una exposición de pianos antiguos y unos misteriosos corredores subterráneos; hacia el cielo se alza la torre del palacio. El edificio está rodeado por un jardín inglés y otro francés que son dignos de ver. Y por doquier suena la música. En el año 1824 nació aquí Bedřich Smetana, uno de los compositores checos más reconocidos internacionalmente. Por ello la ciudad, orgullosa de este su hijo predilecto, celebra el festival sinfónico y de ópera conocido como Smetanova Litomyšl, que ya ha alcanzado su sexagésima edición.

Festival de Dvořák en Praga
Música checa

¿Es checo? Entonces será músico

Los checos aman la música. El legado de la música checa es tan enormemente rico, bello y multicolor como es rico, bello y multicolor el propio paisaje checo. Se diría que tanto su gracia como su crudeza suenan en las sinfonías y óperas checas, se reflejan en su colorista y pasional folclore y resuenan en melodías soñadoras de su jazz.

Los tesoros de la música checa se deben a compositores que hoy en día forman parte del repertorio permanente de todas las orquestas a lo largo y ancho de la geografía mundial. Antonín Dvořák, Bedřich Smetana y Leoš Janáček son el trío más famoso, pero inmediatamente después vienen otros que no son menos geniales: Bohuslav Martinů, Josef Suk, Josef Mysliveček, Jan Václav Stamic, Jan Dismas Zelenka y podría añadirse incluso a Gustav Mahler, que nació y creció no lejos de Jihlava en el Planalto Checo-Moravo. Los intérpretes checos también han merecido el reconocimiento internacional: los directores Václav Talich, Václav Neumann, Karel Ančerl, Jiří Bělohlávek o Libor Pešek, las brillantes divas Emma Destinová, Magdalena Kožená, Dagmar Pecková, Eva Urbanová, y toda una larga lista de virtuosos de la música clásica y del jazz... La música está en casa en la República Checa.

Brno

Un tesoro vivo de arquitectura

La segunda ciudad en tamaño de la República Checa se encuentra en la fértil llanura sur de Moravia. La metrópolis morava ha jugado, y sigue jugando, un papel importantísimo en la vida de todo el país, y cada época ha dejado en ella su propio sello arquitectónico. Algunas de las más interesantes muestras de ello todavía no han cumplido los cien años.

Un encuentro a través de los siglos

Asimismo es como cosa de magia encontrarhombro con hombro iglesias barrocas junta palacios de exposiciones modernistas(ya que Brno es conocido como uno de lo centros de exposiciones de todo el país),columnas de la peste, fuentes versallescas,teatros neorrenacentistas y una serie de joyasde arquitectura funcional, la más conocidade las cuales es la que se construyó en 1930 según el diseño del mundialmente famosoarquitecto Ludwig Mies van der Rohe, unade las maravillas de la moderna arquitectura,protegida por la Unesco – nos referimos a laVilla Tugendhat.

Recinto de Lednice-Valtice

Huellas del tiempo en el paisaje de los vinos

En el extremo sur de Moravia, en medio de un romántico paisaje donde se combinan los bosques y los dorados campos de cereales, las interminables filas de viñedos y los estanques plateados con sus blancos nenúfares, se encuentra este complejo de construcciones históricas delicadamente insertas en su marco natural.

Por una parte tenemos el magnífico palacio barroco de Valtice, y por otra el bellamente ornamentado palacio de Lednice, construido en estilo gótico tudor y rodeado por un sistema de estanques y canales. Y, en medio, los pabellones chinos, los belvederes, los puentecillos, los pequeños castillos románticos, las casitas de cazadores estilo imperio, la columnata-mirador y hasta el minarete, desde cuya galería puede contemplarse todo el paisaje a lo lejos: todo eso compone el Recinto de Lednice-Valtice, reconocido como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.

Saboree el paisaje

Y en derredor, las viñas, las bodegas y elmagnífico vino moravo. El de Znojmo, el de Mikulov, el de la región de Velké Pavlovice y el de Eslovaquia Morava–en toda esta región, atravesada por senderos para bicicletas, es posible encontrarse, a cada paso, con simpáticos vinateros que le invitarán a que pruebe sus caldos, vinos blancos con interesante espectro de olores y matices, donde se siente el aroma de los campos moravos, tintos con cuerpo o frescos y ligeros rosados.

Olomouc

Centro espiritual milenario de Moravia

En el mismo corazón de Moravia, en medio de los más fértiles campos de todo el país, en una región conocida como Haná, se yergue orgullosamente la antiquísima ciudad de Olomouc, sede de la monarquía checa en tiempos inmemoriales. Transpira una dignidad especial y una fuerza espiritual única; es una ciudad llena de historia, joya del barroco y lugar de veneración a Dios.

Visitar Olomouc es como encontrarse con alguien anciano y sabio, que ha recorrido muchos lugares, y de quien una sola palabra vale más que un libro entero. A cada paso se encuentra el visitante con monumentos magníficos: templos imponentes, delicadas iglesias, dignos palacios burgueses, monasterios monumentales. El fascinante palacio obispal, obra maestra de la arquitectura románica europea, iglesias góticas, la catedral, del mismo estilo, palacios renacentistas con fachadas ricamente ornamentadas, etc. Pero lo que más llama la atención es el barroco en Olomouc: maravillosas fuentes, el palacio Arzobispal, el monasterio de Hradisko, llamado el Escorial moravo“, la basílica de peregrinaje del Svatý Kopeček, y sobre todo la tremenda columna de la peste, protegida por la UNESCO, el grupo escultórico más grande de Europa Central. Y todavía una curiosidad más, el reloj astronómico del año 1955, con motivos de tema proletario.

Kroměříž

Jardines paradisiacos de la Atenas de Haná

En la fértil región morava de Haná, no muy lejos de Olomouc, se encuentra Kroměříž en medio de jardines. El sublime palacio arzobispal construido en estilo barroco temprano es el centro de un maravilloso laberinto de jardines perfectamente cultivados y que conservan, hasta el día de hoy, la estructura original del parque.

Sin peluca barroca aquí el visitante se siente como fuera de lugar. Las habitaciones y salas maravillosamente ornamentadas, la biblioteca, sin igual en su género, la pinacoteca, con obras de Tiziano, Cranach, Veronés o B reughel –a propósito, la segunda mejor de la república– lugares por donde da la sensación al visitante que pasa flotando más que paseando. Lo mismo que cuando sale, y se encuentra con esos maravillosos jardines, como el que hay bajo el castillo, concebido como un enorme parque inglés, o el De las
flores, donde hay que aguantar la respiración ante la sorprendente simetría y la virguería de sus imágenes hechas con flores y plantas, siguiendo el estilo francés de jardinería, con añadidura de laberinto, fuentes, pabellones, rotondas preciosas en forma octogonal, en las cuales corre el tiempo del péndulo de Foucault. La UNESCO protege este maravilloso conjunto, y sabe por qué.

Tres ciudades, tres diamantes entre collados

Al sur del país, en la frontera entre Bohemia y Moravia, en el marco de un precioso paisaje de suaves ondulaciones donde, como dice el proverbio, termina el pan y empieza la piedra, se encuentran tres ciudades interesantes que, por la importancia de sus monumentos, pertenecen también al patronato de la UNESCO.

ŽĎár nad Sázavou

Ciudad de la genialidad de Santini

En algún momento en el año 1706, invitó el abad del monasterio de Ždár al joven arquitecto Jan Santini, que comenzó a trabajar aquí en un estilo que posteriormente llegó a ser mundialmente conocido, el así llamado barroco gótico.
La culminación de su obra es la capilla de Juan Nepomuceno en la Montaña Verde, que parece como acabada de aparecer desde otro mundo, con su indescriptible belleza, su sublime geometría y su ligereza. No es una iglesia, sino un bordado. Pero la genialidad de Santini dejó además otras huellas en la ciudad: el cementerio de la peste, construido en forma de una calavera humana, el interior de la iglesia, el establo, la posada, el hospital o la prelatura del monasterio.

Iglesia de peregrinos
Telč

Ciudad de la inspiración


Una ciudad que parece hecha a propósito para artistas y soñadores, en la cual hay algo italiano,algo delicado y muchode hermosura. Su tranquila plaza, rodeada delas ornamentadas fachadas de sus casas góticasy renacentistas, el esgrafiado de filigranadel palacio reflejándose en la superficie de losestanques de la ciudad, la perfección de lostechos con casetones de las salas del palacio,la austera belleza de sus iglesias, los famososjardines y la amable naturaleza circundante...En fin, como para que se haga poeta hastaun oficinista de banca.

Třebíč

Ciudad de la tolerancia

Judíos y cristianos conviviendo, separados por la fe pero unidos por un cometido y una convivencia comunes –es lo que testimonia la historia de Třebíč, documentándolo con dos preciosidades arquitectónicas, la basílica de San Procopio con su monumental rosetón y con su cripta abovedada de setecientos años de antigüedad y el barrio judío con más de ciento veinte casas, con su ayuntamiento, su escuela, rabinato, sus sinagogas y su amplio cementerio, que contiene aproximadamente unas tres mil tumbas.

Naturaleza checa

Las grandes bellezas de un pequeño país


En este país, que no es muy grande, hay tantas cosas bellas que es difícil de creer. La variedad de la naturaleza checa es realmente sorprendente y los escaparates de esa riqueza son cuatro parques nacionales, cada uno de los cuales es único y diferente.

Šumava, pintorescas y escarpadas montañas en el sur de Bohemia, reino de silenciosos bosques, altiplanos y prados florecientes y, sobre todo, paraíso del agua. Turberas misteriosas, ríos salvajes llenos de gigantescos pedruscos, lagos glaciales...

A las montañas y las rocas

Krkonoše, la mayor de las cordilleras checas, situada al norte del país, y con una altura máxima de 1602 metros en el pico Sněžka, es el hogar de una gran diversidad biológica, tanto en fauna como en flora, que vive en medio de empinadas paredes de circos glaciales, amplios prados montañosos y cascadas. Podyjí en Moravia del sur, formado por el cañón del río Dyje, con sus profundos meandros excavados en la roca, sus paredes pétreas y sus pedrizas. České Švýcarsko, literalmente la Suiza Checa, en el sudoeste de Bohemia, un paisaje romántico de maravillosas formas areniscas, altas paredes y puertas de piedra, además de sus bellísimas muestras de arquitectura popular. Pero ciudades encantadas de piedra hay en Bohemia muchas otras, como por ejemplo en Český ráj, literalmente el Paraíso checo, o las bellas Rocas de Adršpach- Teplice, las de Kokořínsko...

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